Un operativo sin precedentes tuvo lugar en Cali tras un atentado fallido contra el batallón Pichincha, sede de la Tercera Brigada del Ejército Nacional. Un cilindro bomba lanzado al interior del batallón no explotó, pero otro artefacto detonó en un autobús estacionado en las inmediaciones, provocando un incendio y dejando dos mujeres heridas, ninguna de gravedad.
El Ejército Nacional ha señalado preliminarmente al frente Jaime Martínez, una disidencia de las FARC, como responsable del ataque. Las autoridades mantienen el control de la zona y realizaron la detonación controlada del cilindro que no explotó para evitar mayores riesgos.
El alcalde de Cali, Alejandro Éder, informó que los atacantes usaron un autobús pequeño como lanzadera y que el agresor huyó a pie por detrás del Hospital Psiquiátrico cercano al batallón.
Las autoridades ofrecen una recompensa de 100 millones de pesos por información que permita capturar a los responsables e instigadores del atentado. Este hecho ocurre ocho meses después de otro ataque violento contra la base aérea de Cali atribuido al mismo grupo armado, que dejó siete muertos y decenas de heridos.
Cali, ciudad estratégica cercana a la frontera norte del departamento del Cauca, enfrenta una constante amenaza por la presencia de grupos armados ilegales y cultivos ilícitos, lo que aumenta la complejidad de la seguridad en la región.