La operación en las terminales aéreas de Estados Unidos enfrenta un desafío sin precedentes debido a un cierre parcial del gobierno provocado por la ausencia de acuerdos presupuestales en el Congreso. Miles de agentes de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA) continúan trabajando sin recibir su salario, generando una crisis que afecta la seguridad y la experiencia de los viajeros.
Ante esta situación, el presidente Donald Trump lanzó un ultimátum: si no se alcanza un acuerdo para financiar el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) antes del lunes, ordenará el despliegue de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los aeropuertos para reemplazar a los agentes de la TSA.
Esta medida ha generado inquietudes, ya que los agentes del ICE no cuentan con la formación técnica especializada que requiere el control de seguridad aeroportuaria, un proceso que para los oficiales de la TSA implica meses de capacitación.
La incertidumbre se toma las salas de espera de varios aeropuertos, pues la operación tenderá a complicarse aún más ahora con agentes de inmigración.