Cada visita a Cartagena o Barranquilla revela una transformación palpable: obras que avanzan, inversión visible, optimismo en el aire y un ánimo colectivo en movimiento. Estas ciudades no recibieron atención del gobierno que termina; nunca hubo gestos hacia ellas ni se atendieron sus necesidades más urgentes, como la seguridad. Tampoco se reconocieron sus logros ni se les ofrecieron ayudas o soluciones burocráticas. Sin embargo, el pulso firme de sus gobernantes y sus equipos ha moldeado dos urbes caribeñas que hoy celebran la llegada de un gobierno que gobernará desde los territorios.
El despertar de Cartagena bajo Dumek Turbay
Cartagena, liderada por el alcalde Dumek Turbay, es otra ciudad. Se materializó la aspiración de que el cartagenero no siguiera condenado a pensar que su ciudad no era concebida en grande. Dumek lo entendió desde la campaña, cuando una encuesta reveló que la mayoría quería un malecón como el de Barranquilla. Hoy, ese malecón está casi listo. También atendió el clamor contra el maltrato a los caballos que paseaban turistas: ahora hay coches eléctricos, con estaciones de recarga en terrenos que antes eran foco de informalidad y crimen. En ese mismo lugar, donde pululaban habitantes de calle, consumo de drogas y prostitución, se levantan campos deportivos, parques y escenarios para el disfrute de la comunidad.
El nuevo aire que se respira en Cartagena y Barranquilla se ha visto compensado con la actitud asumida por el sector privado.
El sector privado, aliado clave del cambio
El optimismo no sería posible sin la colaboración del sector privado, que ha respondido con inversión y confianza. Las fuerzas vivas, el empresariado y el tejido social de ambas ciudades empiezan a entender que ya no son convidados de piedra. Las decisiones que emanen del nuevo Ejecutivo tendrán un sello inconfundible, mezcla de sol y mar, y el Caribe lo sabe y por eso está alegre.
- Malecón de Cartagena casi terminado, un sueño hecho realidad.
- Sustitución de caballos maltratados por coches eléctricos.
- Recuperación de espacios públicos antes tomados por la informalidad y el crimen.