Diez años después de la publicación del informe de la Misión para la Transformación del Campo, la ruralidad colombiana y el sector agropecuario siguen enfrentando problemáticas estructurales, a pesar del reconocimiento otorgado a la agenda rural en los últimos gobiernos. La Misión, junto con el acuerdo de paz, marcó un punto de inflexión que trazó una ruta crítica para corregir las brechas entre zonas urbanas y rurales, pero sus propuestas aún no se han implementado con la profundidad necesaria.
El diagnóstico que no envejece
La Misión propuso una visión integral del desarrollo rural, basada en la diversidad territorial, el cierre de brechas y la construcción de capacidades. En 2014, la pobreza monetaria extrema era más del triple en zonas rurales, y la pobreza multidimensional, 2,8 veces mayor. Diez años después, la pobreza monetaria rural bajó a 39,5% en 2025, pero sigue 11 puntos por encima del promedio nacional (28%). La pobreza multidimensional rural cayó a 22,4%, pero la brecha con las cabeceras (6,3%) se amplió a 3,6 veces.
Brechas que persisten y se agravan
- La clase media rural creció de 7,3% (2013) a 10,9% (2024), pero sigue siendo una fracción mínima frente al 32% nacional.
- El analfabetismo rural bajó a 9,3% en 2025, pero sigue siendo tres veces mayor que el urbano.
- La cobertura de acueducto rural aumentó a 61,2%, pero el alcantarillado se mantiene en 16%, igual que en 2012.
- La informalidad laboral rural alcanza el 83,5% en 2025.
El cuello de botella: la productividad
La productividad agropecuaria es el principal obstáculo para la transformación rural. Entre 2015 y 2023, la productividad total de los factores creció apenas 3,3% acumulado, frente al 3,8% de América Latina y el Caribe y al 6,2% mundial. Brasil creció 11,8%, Chile 24,4% y Ecuador 37,7%. Además, la productividad de los municipios del percentil 90 supera en 125% a la del percentil 10, evidenciando una profunda desigualdad territorial.
No se trata de un diagnóstico que haya envejecido, sino de una agenda de política pública que, en gran medida, no llegó a implementarse con la profundidad necesaria.
Tierra y crédito: avances insuficientes
Entre 2022 y 2025, el Gobierno reportó 286.000 hectáreas entregadas y 1,94 millones formalizadas, pero el coeficiente de Gini de la propiedad rural se mantiene en 0,89. El crédito de fomento se concentra cada vez más en grandes productores: su participación en el valor desembolsado pasó del 46% al 66%, mientras que la proporción de nuevos productores cayó de 32,7% a 27,6%.
Un llamado a la acción
Los autores, José Antonio Ocampo y Ángela María Penagos, concluyen que las tres ideas fuerza de la Misión —enfoque territorial participativo, desarrollo integral y sostenibilidad— siguen siendo la referencia más sólida para pensar la ruralidad. Instan al próximo gobierno a retomar esta agenda con urgencia, pues los problemas estructurales persisten y la deuda histórica con el campo sigue sin saldarse.