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Ganadería regenerativa en Antioquia: la historia de la familia Torres

Experiencia local 'Yo fumigaba con veneno': la familia que logró cambiar la ganadería con cerdos 'promiscuos', vacas en libertad, kéfir, yogures y quesos en Ant...

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Foto: La voz del país

Experiencia local 'Yo fumigaba con veneno': la familia que logró cambiar la ganadería con cerdos 'promiscuos', vacas en libertad, kéfir, yogures y quesos en AntioquiaUn ganadero de Santa Rosa de Osos, como lo indica el ciclo natural de las cosas, ahora ve a sus hijos transformar el oficio que les heredó.Fabio Torres y sus hijos se dedican a la ganadería. El patriarca les heredó una tradición, sus hijos la renovaron. Foto: Jaiver Nieto Álvarez.Link Stefanía León ArroyavePERIODISTA DE NACIÓN22.05.2026 07:25 Actualizado: 22.05.2026 07:25 Jaiver NietoREPORTERO GRÁFICO22.05.2026 07:25 Actualizado: 22.05.2026 07:25 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles A las cinco de la mañana, cuando la neblina todavía adorna las montañas del Norte de Antioquia y el barro se hunde bajo las botas, Fabio Torres Espinoza ya está despierto. Tiene 82 años y todavía cuida terneras, pica pasto para las vacas y camina la finca como quien no aprendió a vivir de otra manera.“Yo me levantaba a las tres de la mañana a ordeñar. Y duraba en el potrero muchas horas, así lloviera, o tronara o hubiese tormentas”, dice, parado detrás del corral de los cerdos que aún están siendo pastoreados.Habla despacio. Como si cada frase le saliera desde muchos años atrás y con dificultad a raíz de las secuelas que le dejó el covid-19: "Toda la vida he manejado ganado desde niño. Casi que ese fue el estudio mío".Don Fabio Torres Espinoza. Foto:Jaiver Nieto Álvarez. Durante décadas trabajó bajo la lógica que conocían casi todos los ganaderos de la región: fumigar, fertilizar, producir más. Dice que antes cargaba una bomba de veneno en la espalda y fumigaba potreros completos. Que así se hacía. Que así aprendió.Ahora escucha a sus hijos hablar de biofertilizantes, de suelos vivos, de conservación del agua y de ganadería regenerativa. Palabras que hace unos años le habrían sonado extrañas en una finca donde lo importante era sobrevivir. Pero sobrevivir también empezó a volverse difícil.La historia de esta familia no comenzó entre yogures griegos, quesos artesanales ni discursos sobre sostenibilidad. Comenzó mucho antes, cuando Fabio trabajaba en fincas ajenas en Santa Rosa de Osos y luego logró arrendar un potrero pequeño después de más de una década de esfuerzo. “Fueron 13 años de lucha”, recuerda.La finca creció lentamente. A punta de madrugadas, ordeños y trabajo físico. Y como muchos campesinos de su generación, Fabio envejeció trabajando. Hasta que llegó la pandemia.Sus hijos dicen que después del covid quedó golpeado. Más lento. Más cansado. Y fue ahí cuando los tres hermanos empezaron a regresar.Uno trabajaba en lácteos. Otro estaba dedicado a procesos de asesoría agropecuaria. Otro llevaba su propia vida lejos de la finca. Pero el deterioro del padre terminó reuniéndolos de nuevo alrededor del ganado. “No es momento de dejar solo al viejo”, recuerda Jorge Mario Torres, uno de sus hijos y quien lidera la transformación de la finca hacia la ganadería no convencional.Jorge habla distinto a Fabio. Mientras el padre habla desde la experiencia del cuerpo, él habla desde las ideas. Habla de ecosistemas, de sostenibilidad, de producción consciente. Pero detrás de las palabras técnicas hay algo más simple: el intento de construir una vida distinta a la que vio sufrir a su papá.“Sí, yo creo que lo primero y lo fundamental es entender que no vinimos al mundo a trabajar solamente, sino que también vinimos a encontrar motivos de felicidad y de encuentro con el otro. Cuando uno cambia ese paradigma, no solo de ser productivo en términos económicos, sino también ser productivo en el uso del tiempo libre, en el poder aprender, en el poder investigar, en el poder compartir, encuentra no una actividad, sino un modo de vida. Entonces, cuando uno hace ese cambio a modelos regenerativos o modelos no convencionales, modelos sostenibles, uno también, en cierta medida, internamente cambia ese chip de simplemente producir y producir. Entonces también es como compartir. Nos diferenciamos también desde lo convencional porque, además del uso del tiempo y del poder compartir, hay algo fundamental: la salud”, explica mientras camina entre potreros húmedos y después de arriar a una de sus vacas, que se le escapó en un descuido.Los Torres se dedican a la ganadería. A una nueva, una que renovaron con su visión. Foto:Jaiver Nieto Álvarez. Jorge está convencido de que la ganadería tradicional no va a resistir mucho tiempo más.“Todos los ganaderos donde vos te parés te dicen que se van a quedar sin mano de obra. Y yo siempre les respondo: bajo un sistema productivo tan complicado como el que ustedes tienen, ¿quién va a querer trabajar? Primero, unas madrugadas tremendas. No es que yo sea enemigo de la madrugada, somos buenos madrugadores, pero a las dos o tres de la mañana no es justo levantarse a arrear vacas. Los jóvenes realmente no encuentran un proyecto de vida en el campo. Entonces, si queremos que se enamoren un poco como nosotros, tendrán que ser sistemas productivos diferentes”, explicó Jorge, desde la experiencia que da conocer ambos mundos.“El tema de la mano de obra, el tema de los costos de producción, el tema de los insumos carísimos y la variabilidad climática son factores que afectan mucho a la ganadería. Entonces creo yo que son cinco, máximo diez años para migrar a sistemas productivos. No digo como este, pero sí tal vez similares”, advirtió.Los hijos de Fabio asumieron el control del negocio para que su padre pudiera descansar. Foto:Jaiver Nieto Álvarez. En la lógica circular que la familia Torres intenta construir dentro de la finca, los cerdos negros ibéricos cumplen un papel que va mucho más allá de la producción de carne. Jorge Mario Torres explica que son “cerdos de trabajo” porque ayudan a regenerar el suelo y aprovechar residuos que antes se desperdiciaban. “Ellos están diseñados para romper la tierra, alimentarse de raíces y de pequeños macroinvertebrados del suelo”, dice. Según explica, los animales funcionan como una especie de “mecanización natural”, ya que remueven la tierra sin deteriorarla y permiten que la pradera se restaure. Son claves en el aprovechamiento del lactosuero que queda de la producción de quesos y yogures, su carne es de muy buena calidad gracias a su alimentación natural y tienen una gran capacidad de reproducción. “Yo digo que son muy promiscuos, antes toca tener cuidado de que no se reproduzcan más de lo necesario. (...) Lo que no logramos transformar en biofertilizantes lo transformamos en carne y trabajo”, asegura.Al principio Fabio no estaba de acuerdo, cuenta que fue difícil porque el pasto no crecía como antes e incluso él estuvo a punto de irse a raíz de los cambios que estaba implementando Jorge, pero poco a poco fue mejorando la situación.La finca apenas arrancaba. Tenían poco pasto, poca producción y muchas dudas. Pero los hijos insistieron. Empezaron despacio. Primero sacaban poca leche, pero la sostenibilidad comenzó a dar frutos: "Nosotros tenemos un promedio de producción relativamente bajo, pero un margen de ganancia muy amplio: 17 litros al día para un ganadero convencional es pérdida. ¿Por qué? Porque la ganadería de hoy altamente tecnificada en el norte de Antioquia exhibe promedios por arriba de 22 litros, ¿cierto? Pero para nosotros, por nuestro sistema de manejo y por los costos que implica la producción, eso es un muy buen promedio".Luego comenzaron a transformarla y, al funcionar el negocio, el padre decidió ceder el control. “Yo solo los ayudo. Ellos ya mandan aquí”, dice Fabio sonriendo con una tranquilidad casi palpable.El cambio final, el paso a los productos lácteos de calidad como medio de sustento, llegó por accidente. Una mañana, durante un desayuno, se dieron cuenta de que el queso que estaban comprando no les gustaba. El hermano que sabía de lácteos propuso hacer uno propio con la leche de la finca. Probaron. Funcionó. Después vinieron los yogures, los quesos maduros, el kéfir y otros productos.Ahora hablan de fermentos, de proteínas A2A2 y de procesos naturales. Pero incluso en medio de esos discursos modernos, la finca sigue teniendo algo profundamente campesino: una familia trabajando unida alrededor del mismo terreno. Y quizás esa sea la verdadera transformación: no solamente producir distinto, sino habitar distinto el campo y permitir que la ganadería no solo sea un trabajo, sino un modo de vida que permita una vida digna.Jorge Mario Torres, uno de los hijos de Fabio, lidera la transformación de la finca ganadera. Foto:Jaiver Nieto Álvarez. En el Norte de Antioquia, donde la ganadería todavía se mide muchas veces en litros de leche y jornadas infinitas, esta familia intenta demostrar que también puede medirse en el tiempo compartido, en las hectáreas de tierra protegida y en los hijos que regresan antes de que sea demasiado tarde. Por eso su emprendimiento se llama Mu Drua: mi tierra en lengua emberá. Stefanía León ArroyavePeriodista de NaciónJaiver Nieto ÁlvarezFotoperiodista de EL TIEMPO Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Conforme a los criterios de Saber más Temas relacionadosMedellínColombiaAntioquiaYarumal SugerenciasBOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.Registrate

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