En la recta final del curso escolar, con los exámenes globales y la prueba de acceso a la Universidad cada vez más cerca, miles de adolescentes se enfrentan a una etapa de alta exigencia académica. En este contexto, no solo entra en juego el estudio, sino también la capacidad de gestionar las emociones.
La presión por obtener buenos resultados puede derivar en lo que los expertos denominan ansiedad académica, un fenómeno que no solo afecta el desempeño escolar, sino también el bienestar emocional de los jóvenes. El miedo al fracaso y la preocupación constante por el futuro se vuelven frecuentes en esta etapa.
La amenaza que no existe
Para comprender este comportamiento, el psicólogo Jesús Rivero, especialista en salud mental infantojuvenil, explicó en entrevista con '¡Hola! Padres' que el problema surge cuando el estudiante deja de ver los exámenes como un reto y empieza a percibirlos como una amenaza. “Cuando la persona detecta una amenaza, se dispara la alarma, aunque no haya un peligro real”, señala.
El impacto en el cerebro adolescente
Rivero detalla que esta activación constante del sistema de alerta puede generar síntomas como insomnio, irritabilidad, falta de concentración y, en casos extremos, ataques de pánico. La clave está en que los padres y educadores eviten presionar a los jóvenes y, en su lugar, fomenten un ambiente de apoyo donde el error sea parte del aprendizaje.