Opinión Besos de ventanilla / Columna Sexo con EstherEl deseo rara vez muere de vejez, casi siempre muere de monotonía, descuido o exceso de confianza.Hay parejas que llevan veinte años juntas y todavía logran desordenarse el pulso con una mirada. Foto: iStockLink Esther Balac16.05.2026 22:01 Actualizado: 16.05.2026 22:01 Compartir Guardar Ingrese o regístrese acá para guardar los artículos en su zona de usuario y leerlos cuando quiera Reportar Resumen Cerrar Este resumen fue construido con ayuda de IA. Escuchar 00:0000:001X Comentar La url ha sido copiada en el portapapeles Hay personas que llegan al aquello con la misma emoción administrativa con la que pagan el impuesto predial. Besan por cumplimiento, abrazan por protocolo y recorren el cuerpo ajeno como quien revisa una lista de mercado. No se sabe si están seduciendo o legalizando papeles en una notaría de provincia. El problema no es la falta de técnica —porque tutoriales sobran y expertos del departamento inferior aparecen hasta en redes sociales— sino la ausencia absoluta de imaginación. El beso moderno, en demasiados casos, dejó de ser un lenguaje y se convirtió en un trámite.Después aparecen las grandes inquietudes contemporáneas: “¿por qué ya no hay ganas?”, “¿por qué todo se siente igual?”, “¿en qué momento el catre adquirió ambiente de sala de espera?”. La respuesta suele ser menos hormonal de lo que muchos quisieran creer. Hay gente que besa como quien marca tarjeta. Sin juego, sin humor y sin curiosidad. Como si el cuerpo ajeno fuera un electrodoméstico viejo cuyo manual ya fue leído hace veinte años. LEA TAMBIÉN La cama en tiempo de virus / Columna Sexo con EstherEsther Balac