Economía

La lección de César Borgia: el conocimiento, el activo que mueve el 90 % de la economía global

El 90 % del valor de las empresas del S&P 500 hoy es intangible. La historia de César Borgia y Leonardo da Vinci ilustra por qué el conocimiento, la creatividad y la conexión entre disciplinas son el motor del desarrollo económico moderno.

Publicado

Foto: La voz del país

El valor de mercado global ha migrado un 90 % hacia los activos intangibles, mostrando que el motor del desarrollo ya no es la infraestructura física. En 1975, cerca del 83 % del valor de las empresas del índice S&P 500 provenía de activos tangibles: fábricas, maquinaria, edificios e inventarios. Hoy, la proporción se ha invertido: aproximadamente el 90 % de su valor está en conocimiento, innovación, propiedad intelectual, diseño, software, marca y capital humano.

La economía cambió, pero el debate sigue anclado en el siglo pasado

La economía mundial ha cambiado de naturaleza, pero buena parte de las conversaciones sobre desarrollo siguen usando categorías del siglo pasado. Continuamos preguntándonos cómo aumentar la productividad, atraer inversión o construir más infraestructura. Son preguntas necesarias, pero quizás dejamos de lado una cuestión más profunda: ¿cuál es el principal activo económico de una sociedad?

César Borgia y Leonardo da Vinci: una lección de hace 500 años

A comienzos del siglo XVI, César Borgia, buscando consolidar su poder en Italia, incorporó a Leonardo da Vinci como ingeniero militar, arquitecto y estratega. Leonardo estudiaba sistemas hidráulicos, diseñaba fortificaciones y analizaba el territorio como un sistema complejo de información y poder. Borgia no vio solo a un artista: reconoció una inteligencia capaz de conectar conocimientos distintos y transformar observación en acción.

Cinco siglos después, las economías más dinámicas del planeta siguen buscando exactamente lo mismo: mentes que conecten disciplinas y generen nuevas posibilidades.

El valor de las ideas y la paradoja de la era de la información

Durante gran parte de la historia, la riqueza dependió de tierras, recursos naturales o capacidad militar. Hoy, la diferencia entre sociedades que innovan y las que se rezagan radica en su capacidad para producir conocimiento nuevo y convertirlo en soluciones. El físico David Deutsch sostiene que el progreso humano depende de mejores explicaciones sobre la realidad: la imprenta, la máquina de vapor o internet surgieron de nuevas comprensiones del mundo.

Vivimos en una época que produce más información que nunca, pero fragmenta el conocimiento en compartimentos cada vez más estrechos. La inteligencia artificial procesa datos y reconoce patrones, pero las preguntas transformadoras nacen en las fronteras entre ciencia y humanidades, tecnología y arte, economía y cultura. Allí surgen las ideas que abren caminos.

La pregunta que Colombia debe responder

La pregunta más importante para Colombia es si estamos fortaleciendo las capacidades que permitirán generar valor en las próximas décadas: la calidad de la educación, la inversión en investigación, la circulación del conocimiento y el fomento del pensamiento crítico y la creatividad. Hace 500 años, César Borgia entendió que el recurso más valioso era una mente capaz de ver conexiones que otros no veían. Hoy, en una economía donde el conocimiento pesa más que los activos físicos, la pregunta sigue abierta: ¿estamos invirtiendo en las capacidades que producirán el futuro o solo administrando las herencias del pasado?

La columna es de Lucrecia Piedrahita, arquitecta y curadora de arte.

La voz del país

Somos un medio de comunicación colombiano comprometido con informar de manera oportuna, responsable y transparente sobre los acontecimientos que marcan la realidad del país y del mundo.