Un fenómeno global ha emergido en las redes sociales: las frutinovelas, breves ficciones creadas con inteligencia artificial que combinan la estética de la telenovela con frutas humanizadas sexualizadas. A pesar de su baja calidad, su éxito es innegable y despiertan sonrisas inmediatas.
Netflix Argentina incluso ha difundido este contenido con humor autocrítico, mostrando cómo estas frutas infieles han logrado captar la atención de audiencias a nivel mundial en apenas meses.
Estas producciones destacan por sus guiones melodramáticos incongruentes y personajes con proporciones corporales idealizadas, generando una comicidad que mezcla deslumbramiento con extrañeza, pero que no logra conectar en profundidad con el espectador.
La columna de Nuria Labari señala que las frutinovelas no solo evidencian lo que la IA puede crear, sino también cómo los humanos están dispuestos a relacionarse con estas creaciones: desde una mirada superficial y trivial.
“Lo humano solo se relaciona afectivamente con aquello que considera humano, es decir, con aquello que está cargado de memoria y sensibilidad.” — Nuria Labari
La escritora y periodista recuerda la teoría de Walter Benjamin sobre el aura en la obra de arte, y cómo las frutinovelas representan un ejemplo de cómo el público no otorga a la ficción de IA un compromiso emocional profundo.
Aunque estas producciones pueden disfrutarse como entretenimiento trivial, abusar de ellas puede llevar a una experiencia cultural vacía, similar a una dieta basada en alimentos ultraprocesados, disfrazados de algo saludable.