Toda la historia y la fe del cristianismo se arraigan en el Santo Sepulcro, situado en Jerusalén, donde se cree que Jesús fue dejado tras la crucifixión y resucitó en la mañana de Pascua. La importancia del lugar es fundamental para la religión, pues como afirmó san Pablo, "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe".
Este enorme complejo alberga varias capillas, templetes y pasadizos antiquísimos que han sido objeto de estudio por arqueólogos e historiadores durante siglos, quienes intentan encontrar evidencias que confirmen que Jesucristo fue crucificado y sepultado allí hace dos mil años.
“La zona de la actual basílica, construida en el siglo XII, es una muy buena candidata para ser considerada el sitio real donde Jesús murió y fue sepultado, porque la historia del lugar como sitio de veneración puede rastrearse prácticamente hasta los tiempos de Jesús.”
Ariel Horovitz, historiador del Moriah Center, instituto asociado a la Universidad Hebrea de Jerusalén, destaca la continuidad histórica de la veneración en este sitio, fortaleciendo la hipótesis sobre la autenticidad del Santo Sepulcro como el lugar sagrado.