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El sueño de mirar el universo desde el espacio: el telescopio Nancy Grace Roman se prepara para su lanzamiento

El telescopio espacial Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento está previsto para septiembre de 2026, permitirá estudiar millones de galaxias, rastrear la materia oscura y buscar exoplanetas errantes, complementando la labor del James Webb.

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Foto: La voz del país

Los humanos observaron el cielo durante milenios exclusivamente desde la superficie de la Tierra, atrapados bajo una atmósfera que al mismo tiempo nos ha protegido pero también limitado. A través de decenas de kilómetros de aire, las estrellas parecen titilar por naturaleza, la imagen de los planetas se deforma bajo turbulencias invisibles y buena parte del universo permanece oculto detrás de un océano de aire que absorbe radiación y distorsiona la luz. Sin embargo, desde comienzos del siglo XX algunos astrónomos empezaron a imaginar un escenario diferente, en donde los telescopios pudieran abandonar la Tierra y mirar el cosmos desde el silencio y oscuridad del espacio exterior.

La idea parecía más cercana a la ciencia ficción, pero entre quienes la defendieron estuvo uno de los pioneros de la astronáutica moderna, el astrónomo Hermann Oberth, quien en la década de 1920 ya hablaba de observatorios orbitales cuando apenas comenzaban los experimentos con cohetes. Un par de décadas después, el astrofísico Lyman Spitzer retomó ese sueño, y en 1946, cuando apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, escribió un informe en el que argumentaba que un telescopio fuera de la atmósfera permitiría alcanzar una precisión imposible desde la Tierra. Para muchos era una idea absurda, pero Spitzer entendía que la astronomía del futuro dependería de escapar de las limitaciones impuestas por la atmósfera terrestre y abrir ventanas hacia regiones invisibles del espectro electromagnético.

Del Hubble al Roman: una historia de perseverancia

Aquella visión tardó décadas en concretarse, con algunos de los primeros intentos en cohetes suborbitales, hasta que finalmente en 1990 el Telescopio Espacial Hubble transformó para siempre nuestra manera de mirar el universo, y sus imágenes abrieron el camino a la astronomía observacional moderna, pero además transformaron la cultura popular y la relación emocional de millones de personas con el cosmos. Desde entonces los telescopios espaciales se multiplicaron y comenzaron a especializarse. El observatorio Chandra exploró el universo violento de los rayos X, el telescopio Spitzer observó el cosmos infrarrojo y el James Webb (JWST) abrió recientemente una nueva era para estudiar las primeras galaxias y las atmósferas de exoplanetas con una sensibilidad sin precedentes.

En este 2026, otro nombre comienza a ocupar un lugar importante en las conversaciones científicas y en las expectativas del público, el de Nancy Grace Roman. Será un nuevo telescopio espacial que rinde homenaje a la científica considerada la “madre del Hubble”, una astrónoma estadounidense que desempeñó un papel decisivo en la consolidación de los programas científicos de la NASA en los años sesenta. Es especialmente simbólico que este nuevo gran telescopio lleve su nombre, porque representa precisamente la continuidad de aquella visión pionera de esta científica que ayudó a convertir en realidad aquello que para otros era un sueño imposible, y a romper barreras para las mujeres en la ciencia.

Un ojo cien veces más amplio que el Hubble

El Roman no competirá con el JWST sino que trabajará de manera complementaria, de forma que mientras el JWST observa regiones pequeñas del cielo con un detalle impresionante, el Roman tendrá la capacidad de cartografiar enormes áreas del universo con una rapidez extraordinaria. Su campo de visión será aproximadamente cien veces mayor que el del Hubble, lo que permitirá estudiar millones de galaxias, rastrear la distribución de la misteriosa materia oscura y analizar la expansión acelerada del universo, temas cruciales en la astrofísica contemporánea.

También se espera que revolucione la búsqueda de exoplanetas, incluyendo planetas alejados de sus estrellas e incluso aquellos objetos errantes que vagan libres por la galaxia sin orbitar ninguna estrella. Desde ya podemos afirmar que este nuevo ojo en el espacio ampliará radicalmente nuestro inventario de mundos posibles y permitirá comprender mejor cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.

Preparativos finales para un lanzamiento histórico

El telescopio ya completó su ensamblaje principal y se encuentra en las fases finales de pruebas y preparación para su traslado al Centro Espacial Kennedy, desde donde despegaría a bordo de un cohete SpaceX Falcon Heavy hacia septiembre de este año. Las expectativas son muy grandes; después de todo, la historia de los telescopios espaciales ha sido siempre la historia del sueño persistente de mirar más lejos, más profundo y con mayor claridad, como si cada generación intentara empujar un poco más el horizonte de lo posible.

SANTIAGO VARGAS, Ph. D. en Astrofísica, Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional

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