Islandia se ha posicionado en 2026 como el referente global de la jornada laboral reducida, tras seis años de la implementación de un modelo que permite a la mayoría de sus empleados trabajar 36 horas semanales sin reducción salarial. Lo que comenzó como un experimento en 2019, hoy es una realidad para el 86% de la fuerza laboral del país.
Según los últimos indicadores económicos, el sistema no solo ha evitado las pérdidas que se temían inicialmente, sino que ha impulsado un crecimiento del 4,9% en la economía nacional durante 2025, cifra que supera ampliamente la media de la Unión Europea, situada en un 2%.
Un experimento que se convirtió en política de Estado
La reducción de la jornada laboral en Islandia ya beneficia al 86% de los trabajadores. Este modelo, impulsado por el gobierno y los sindicatos, ha demostrado que la productividad puede aumentar cuando se prioriza el bienestar de los empleados.
La clave ha sido la flexibilidad y la confianza en los trabajadores. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar mejor.
Los resultados han llamado la atención de otros países europeos y de organismos internacionales, que ven en Islandia un caso de éxito para replicar en medio del debate global sobre el futuro del trabajo.