En el corazón de Dublín, el Hotel The Westbury es un emblemático punto de encuentro que ha visto pasar a artistas, escritores y políticos desde su apertura en 1955. Dentro del hotel, The Sidecar ofrece una coctelería que combina elegancia clásica con una experiencia única: contar la historia de la ciudad a través de sus cócteles.
El menú Dublin Unfiltered se aleja de las tendencias modernas y se basa en un riguroso trabajo de investigación histórica. Usando fotografías callejeras tomadas entre 1897 y 1990, el equipo del bar convierte estas imágenes en cócteles que representan escenas cotidianas y personajes memorables de Dublín.
Un homenaje al activismo y la cultura popular
Uno de los cócteles destacados, Roll the Dice, rinde tributo a Thom McGinty, conocido como The Diceman, un performer callejero y activista ‘queer’ que desafió las normas sociales en los años ochenta. Su trago mezcla whisky, amaro, coco, piña y chocolate bitters, reflejando la expresividad del personaje y su lucha por la visibilidad en una época en que la homosexualidad era ilegal en Irlanda.
Otra creación inspirada en una fotografía de 1955 muestra una barcaza de Guinness navegando por el río Liffey. El cóctel combina un sorbete de Guinness con grosella negra y crémant, evocando la tradición popular de suavizar la stout irlandesa con grosella.
La pasión de un bar manager con raíces locales
Oisín Kelly, bar manager de The Sidecar desde hace más de ocho años, es el artífice de este proyecto. Criado en un ambiente familiar de bares y con un profundo conocimiento de Dublín, Kelly ha plasmado en Dublin Unfiltered una visión auténtica y sin filtros de la ciudad, destacando su gente y sus historias cotidianas más allá de los monumentos turísticos.
Además del menú conceptual, The Sidecar mantiene viva la tradición de la coctelería clásica, con una selección cuidada de clásicos y martinis preparados con precisión y elegancia, como el singular martini de chocolate y ostras que conecta con la identidad gastronómica irlandesa.
El impacto en la comunidad
The Sidecar demuestra que los cócteles pueden ser una forma de narrar la historia y cultura de una ciudad. A través de cada bebida, los visitantes no solo disfrutan de sabores únicos sino que también experimentan un viaje por la memoria visual y social de Dublín, reconociendo que la esencia de la ciudad reside en sus pequeñas historias cotidianas.