Un tono confrontativo, un ambiente de polarización, la ausencia de debates, la irrupción de la inteligencia artificial, los streamings masivos, el protagonismo de los influenciadores digitales y el asesinato de un precandidato presidencial. Todo ello marcó una campaña que transformó la manera en que tradicionalmente se hacía política electoral en Colombia y que, en algunos aspectos, revivió episodios que no se veían desde hacía décadas.
La ausencia de debates presidenciales
Uno de los grandes lunares fue la ausencia de debates presidenciales con la participación de todos los candidatos, una situación sin antecedentes recientes. Para el columnista de EL TIEMPO Gabriel Cifuentes, la progresiva desaparición de estos espacios no es solo un cambio en la estrategia de comunicación, sino una señal preocupante para la democracia.
La falta de estos escenarios coincidió con una campaña cada vez más polarizada, cuyo tono confrontativo se acentuó durante la segunda vuelta con acusaciones cruzadas y denuncias elevadas incluso ante instancias internacionales por parte de ambos candidatos. El panorama ya era visible desde el 31 de mayo, cuando los resultados parecían de una segunda vuelta: Abelardo de la Espriella obtuvo el 43 % de los votos e Iván Cepeda el 40 %, mientras las demás candidaturas quedaron ampliamente rezagadas.
“Cuando la comunicación política se orienta excesivamente hacia los algoritmos, se reduce la posibilidad de mirar más allá de las propias convicciones” — José Cepeda, observador electoral de la Unión Europea.
El resultado: una contienda atravesada por un clima cada vez más hostil en las redes sociales. Para Daniel Poveda, coordinador de análisis de Colombia Risk Analysis, esa polarización se reflejó también en las constantes denuncias sobre posibles fraudes electorales, especialmente cuando las diferencias son estrechas.
La nueva campaña digital
Otro de los fenómenos que definieron esta elección fue el protagonismo de los creadores de contenido. Buena parte de la atención de la campaña se trasladó a transmisiones masivas en vivo realizadas por figuras como Westcol y Yeferson Cossio. A ello se sumó el auge del contenido aparentemente espontáneo en redes sociales. Aunque la campaña de Rodolfo Hernández en 2022 ya había mostrado el potencial de estas plataformas, la elección de 2026 llevó esa tendencia a una nueva escala, con redes de influenciadores y contenidos coordinados.
Un monitoreo preliminar de la Facultad de Estudios Sociales, Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario encontró que, solo en mayo, el 60 % del contenido producido por 70 influenciadores analizados en TikTok e Instagram estuvo relacionado con la campaña presidencial.
“Hay un desafío muy grande en términos de transparencia” — Sandra Botero, profesora y líder de la investigación, sobre la dificultad de distinguir entre opinión genuina y proselitismo político.
Los resultados preliminares muestran además que la estrategia de influenciadores de Abelardo de la Espriella fue especialmente efectiva en términos de alcance, mientras que la de Iván Cepeda tuvo una presencia más limitada en estos espacios, aunque con mayores niveles de interacción.
El uso creciente de inteligencia artificial y desinformación
A ello se sumó el uso creciente de inteligencia artificial, un ingrediente nuevo. Esta herramienta facilitó la creación y difusión de contenidos falsos cada vez más difíciles de distinguir de los reales. Un informe de la Misión de Observación Electoral (MOE) identificó 150 campañas de desinformación entre marzo de 2025 y marzo de 2026. El asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay fue lo que generó más contenidos falsos.
“Esto se explica porque un hecho tan indignante como este explota las vulnerabilidades de los votantes” — Frey Muñoz, subdirector de la MOE.
Las elecciones ya no se juegan únicamente en plazas públicas o medios. Una parte creciente de la disputa política se trasladó a los espacios digitales que hoy están redefiniendo la forma en que los ciudadanos participan.