En un contexto de incertidumbre y cambios constantes en la estrategia estadounidense, el plan de utilizar a las milicias kurdas iraníes para abrir un nuevo frente en la ofensiva contra el régimen de Teherán ha sido descartado por el presidente Donald Trump. Sin embargo, estos grupos aseguran estar listos para actuar en cuanto perciban un debilitamiento del gobierno iraní.
El recuerdo de la efímera República de Mahabad, establecida en 1946 en el noroeste de Irán, sigue siendo un símbolo tanto de inspiración como de advertencia para el nacionalismo kurdo, que busca autonomía y reconocimiento para uno de los pueblos más grandes sin Estado en el mundo.
La represión contra los kurdos en Irán se ha intensificado especialmente desde la Revolución Islámica de 1979 y, más recientemente, tras las protestas por la muerte de Mahsa Amini en 2022, que revitalizaron el lema kurdo “Mujer, Vida, Libertad”.
- La población kurda representa cerca del 10% de Irán, concentrada en provincias fronterizas.
- Existen fuertes restricciones políticas y culturales, con baja participación electoral debido a la exclusión de candidatos kurdos.
- La región sufre marginalización económica y una presencia militar significativa, foco de ataques israelíes y estadounidenses.
- Los partidos kurdos son considerados ‘terroristas’ y ‘separatistas’ por el régimen iraní.
- La oposición iraní, liderada por figuras como Reza Pahlavi, rechaza el nacionalismo kurdo, calificándolo de separatista.
Tanto Turquía como el Gobierno Regional del Kurdistán en Irak se oponen a la utilización de su territorio para operaciones militares kurdas contra Irán, temiendo que se genere un conflicto étnico y una escalada que afecte la estabilidad regional.
“No vamos a enviar a nuestras fuerzas al matadero”, afirma Abdullah Mohtadi, líder del partido Komala, subrayando la estrategia de esperar un debilitamiento claro del régimen antes de intervenir.
Con menos de 5.000 combatientes armados, las milicias kurdas reconocen que por sí solas no pueden derrocar al régimen iraní, por lo que su intervención dependerá de señales claras de fractura interna y de apoyo internacional más contundente.
La historia demuestra que los kurdos suelen ser movilizados en crisis, valorados en tiempos de necesidad y abandonados cuando se negocia la estabilidad sin su participación, una realidad que estos grupos temen repetir en el actual conflicto.