El 8 de noviembre, Rodrigo Paz juró como presidente de Bolivia bajo la promesa de revivir a un país que atravesaba su peor crisis económica en décadas. Pero hoy, a seis meses de gobierno, el centroderechista que le puso fin a más de veinte años de la izquierda en el poder enfrenta intensas olas de protestas, que ya cumplen tres semanas y mantienen bloqueos en más de 50 vías.
Un descontento que se radicaliza
Las manifestaciones, que ya dejan cuatro muertos, comenzaron inicialmente como un reclamo por aumentos salariales, combustibles de calidad y la estabilización de la economía, pero se radicalizaron en los últimos días. Esto ocurrió a pesar de los anuncios de Paz de que escuchará a los sectores sociales y reorganizará su gabinete.
Tenemos que elegir entre comprar carne o comprar leche
La frase, repetida por los manifestantes, refleja la angustia de una población que ve cómo la inflación y la escasez golpean su día a día. Mientras tanto, la presión sobre el gobierno crece y las demandas ya no solo son económicas: sectores políticos y sociales exigen la renuncia del presidente.
El impacto en la comunidad internacional
La crisis boliviana ha llamado la atención de organismos internacionales y gobiernos vecinos. Mientras la OEA ha expresado su preocupación por la violencia y los bloqueos, países como Argentina y Chile han ofrecido mediación. Sin embargo, la tensión sigue en aumento y no se vislumbra una salida inmediata.